
Manuk, como muchos jóvenes joyeros, lleva el oficio en la sangre. Su padre, nacido en Grecia, pero de familia armenia, inmigró de pequeño a la Argentina y se dedicó toda su vida a la fabricación de joyas.
Su especialidad eran los anillos huecos de sello y Manuk pudo ser testigo desde su infancia de la labor de su padre, teniendo contacto con los metales preciosos y las herramientas del taller. Su educación transcurrió en un colegio de la comunidad armenia, lo que le permitió, al finalizar sus estudios, visitar el país de sus ancestros. Allí quedó maravillado por los mercados de artesanos y la calidad de las obras exhibidas por sus creadores que en muchas ocasiones son vendidas por unas pocas monedas.
Luego, sin pensar que más adelante se dedicaría a fabricar exquisitas joyas, pero entusiasmado por desarrollar su creatividad, ingresó a la carrera de diseño gráfico, la que concluyó para darse cuenta de que la gráfica no era lo suyo. Como en muchos casos son la vida o el destino, los que van presentando caminos a seguir y, sin saber muy bien donde acaban, uno los recorre sin oponer mayor resistencia. Fue así, que a Manuk se le presentó la oportunidad de ingresar como vendedor a una joyería de la zona de San Isidro.
Fue entonces que Manuk volvió a tomar contacto con las joyas, los metales y las piedras preciosas, y comenzó a aprender algunas cosas del gremio. Casi por casualidad, un día encontró una revista que mencionaba a un tal René Lalique, uno de los grandes diseñadores de la era del Art Nouveau. Para él, el nombre era totalmente extraño, desconocido, pero sus creaciones lo deslumbraron y decidió que quería poder realizar majestuosas obras de arte como aquellas. Allí se prendió una chispa que lo motivaría a investigar y capacitarse, de manera casi autodidacta, para llegar a fabricar esas pequeñas maravillas que hoy realiza con gran dedicación y perfeccionismo. Pero perseguir los sueños no siempre es tarea fácil.


Manuk advirtió que si estaba ocupado, trabajando todo el día en la joyería, su tiempo libre no le alcanzaría para poder concretar su objetivo en el corto plazo. Es así que dejó su trabajo e instaló su propio taller para poder investigar y desarrollar las técnicas necesarias para fabricar verdaderas joyas de estilo Art Nouveau. Quien haya tenido la suerte de tener en sus manos una pieza de estas características sabrá lo complejo y detallistas que son estos diseños, donde se combinan una gran cantidad de técnicas, que van desde el calado de precisión, al tallado escultórico, el engarce, esmalte, construcción con sistemas de movimientos y bisagras, y mucho más.
El camino elegido llevó su tiempo, por lo que en el transcurso, se dedicó a fabricar piezas por encargo y composturas. Mientras tanto, Manuk aprovechó su habilidad y conocimientos en materia de diseño para crear en papel cientos de diseños que con el tiempo llevaría a cabo.

Por otra parte, debía buscar clientes para sus “caprichos”, lo que lo guió hasta un conocido local de antigüedades del barrio de San Telmo. Allí, Manuk tuvo la suerte de conocer a su dueño, experto en joyas antiguas, quien fue un gran crítico con sus trabajos, pero tuvo la solidaridad de aconsejarlo y ayudarle a perfeccionar sus técnicas de alta joyería. “Miró la pieza que llevaba para mostrar, una libélula con una piedra en el medio y me dijo: ‘Está linda, pero te falta un montón’, y me hizo hacer la pieza como treinta veces más, hasta que quedó perfecta”, recuerda.
“Además, ir a ese local era como entrar a un museo… el tipo tenía piezas antiguas de verdad, originales, y me mostraba como hacían el esmalte, como tallaban las facciones de la cara, el pelo… unos trabajos increíbles. Como vio que estaba tan interesado en el tema del Art Nouveau me prestó un montón de libros para que pudiera empezar a pensar con la mentalidad de la época y así poder diseñar con criterio, y aprendí de la sociedad, la cultura, la música, el teatro”.
Hoy Manuk Berberian, de 30 años, comienza una nueva etapa: la de difundir al mundo sus elegantes creaciones. Es por eso que en agosto del año pasado se atrevió a participar con un stand en la feria MundoJoya, experiencia que para él fuera más que satisfactoria y la que pretende repetir en Marzo de este año. Es realista y sabe que sus joyas son altamente exclusivas. Realizadas en oro, con piedras preciosas, esmaltes de primera calidad y fabricadas una a una por sus manos expertas, no están al alcance de cualquiera, pero existe un mercado para todo y en materia de productos de lujo, es cuestión de encontrar el nicho. Sus joyas, de estilo antiguo, también tienen esa característica que tenían las joyas de la abuela: son joyas de familia, aquellas que serán heredadas con orgullo por las generaciones venideras. En una época en la que todo es descartable, Manuk detiene el tiempo con sus propias manos.
NJ, 18 Ene 2012-El pasado 15 de Enero tuvo lugar l