La palabra piropo procede del griego pyropus, que significa rojo fuego. Los romanos tomaron esta palabra de los griegos y la usaron para denominar piedras preciosas de color rojo: una variante del granate, pero también al rubí. El rubí simbolizaba el corazón, y era la piedra que los galanes regalaban a la mujer a la que pretendían conquistar. Pero, naturalmente, no todos podían regalar rubíes, por lo que tenían que suplirlos regalando hermosas palabras. Otra versión afirma que la palabra procede del griego, pero de pyros (fuego) y oops (vista), apariencia, con el significado de ojo deslumbrado por la belleza.
Los cortesanos de los siglos XII y XIII se convirtieron en unos expertos en el arte de piropear a la mujer. Era la época en la que se desarrollaba la cultura de los trovadores. A principios del siglo XVII el piropo se usó con frecuencia en tratados y poesía. En sentido literario, era sinónimo de chispazo, fogonazo de ingenio, la palabra encendida.
El piropo ha pasado a ser callejero, improvisado, ocasional, una costumbre oral y popular. Pero también puede ser algo más que una frase ingeniosa. A menudo fue un gesto. Los hidalgos españoles arrojaban las capas al paso de la dama deseada.
En Argentina a finales del siglo XIX se dispuso que el hombre debía abstenerse de piropear a una mujer o sería multado con 50 pesos. Así lo cantaba el tango Cuidado con los Cincuenta, compuesto en 1906 por Ángel Villoldo: "¡Caray! ¡No sé por qué prohibir al hombre que le diga un piropo a una mujer! ¡No hablar! ¡Chitón, porque puede costarle cincuenta de la nación!"
Publicado el 11 de Enero de 2010 en http://themaskedlady.blogspot.com/
NJ, 18 Ene 2012-El pasado 15 de Enero tuvo lugar l