Un diamante nunca pasa desapercibido. Sea redondo, rectangular u ovalado, el diamante tiene un poder de atracción único que va más allá de su valor monetario. Quien usa un diamante, lo usa en una joya que refleja su estilo, su personalidad. Es por ello que desde que el matemático Marcel Tolkowsky desarrolló la “talla ideal” a principios del siglo XX, han surgido una inmensa variedad de formas en las que un diamante puede ser cortado.