Publicado en 08 Agosto 2014

Es costumbre del Maestro Orfebre Emilio Patarca festejar sus aniversarios en el oficio agasajando al público con una exposición de sus piezas. En esta oportunidad realizó una retrospectiva temática con una muestra de mates en el Museo José Hernández.

Con motivo de sus cuarenta años en el oficio, el Maestro Orfebre Emilio Patarca fue invitado por el Museo de Arte Popular José Hernández, de la Ciudad de Buenos Aires, a realizar una muestra de sus piezas. Producto del valor artístico, cultural y simbólico que tienen los mates para la República Argentina, y para el mismo orfebre, decidió que sería una buena idea realizar una exposición enfocada exclusivamente en estas piezas de uso civil, y contar a partir de ellas su historia como orfebre. Además de la exposición, Patarca realizó un catálogo de lujo, con fotos y descripciones detalladas de los treinta mates, que cierra con una espectacular foto a doble página con todos los ejemplares. Estilo Joyero tuvo la oportunidad de visitar esta muestra y conversar con el orfebre, quien nos contó más sobre esta exposición y sobre su propia historia.

¿Por qué elegiste el mate para esta ocasión?

La idea de esta exposición ha sido básicamente la de mostrar en sociedad la copa argentina por excelencia, que es el mate. Cuando hablamos de platería civil es el mate, justamente, aquel elemento que acompañaba a las familias argentinas en el hogar, no habiendo distinción entre humildes y aristócratas. El mate fue la bebida que acompañó a la sociedad argentina desde sus más tempranos inicios hasta nuestros días.

Además, en mi camino como orfebre, siempre hubo algún coleccionista de mates que me pedía algo distinto, y con los años fui realizando muchas piezas que se perdían porque el cliente era extranjero y se las llevaba del país, y otras quedaban en las colecciones privadas de clientes locales. Cuando Felicitas Luna, la directora del Museo Hernández, me invitó a organizar una exposición, se me ocurrió hacer algo distinto, y aproveché la oportunidad para volver a fabricar algunos de mis mejores mates para goce del público. Por suerte, soy muy ordenado y siempre llevo registro de lo que hago, apuntando medidas, copiando los diseños, guardando las matrices y los originales. Llegado el momento fue solamente poner manos a la obra, y volver a hacer piezas de hace más de 20 años fue reencontrarme con parte de mi historia.

Hay dos mates muy especiales en esta colección. Contanos sobre ellos.

Son los dos mates que más difusión tuvieron por su contenido simbólico. El primero de ellos fue el resultado de una investigación propuesta por el Prof. Lombera, que se me acercó con la idea de generar una obra que fuese símbolo y homenaje del Bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810. A partir de esto, realicé un boceto de una mujer que representaba a la República sentada, como en uno de los tantos billetes que hubo en Argentina, pero le quise dar una connotación más nuestra, a diferencia de la típica matrona romana o griega. Es por ello que dibujé a esa figura con rasgos mas aindiados y músculos más duros, despojando al cuenco de todo ornamento, para que lo que se destacara fuera la imagen de la escultura.

Siguiendo con esta serie, el año pasado hice un mate en ocasión del Bicentenario de la Asamblea del Año XIII, donde la idea fue representar la Libertad. Para esto se me ocurrió una lejana reminiscencia a la Victoria de Samotracia, solo que sin alas, y avanzando con los dos brazos extendidos mostrando los grilletes con las cadenas rotas. Para mi ese fue el mejor símbolo de esa libertad incipiente que comenzaba a generarse en América a partir de la constitución de esta asamblea del año 1813. 

Tuve el honor de que ambos mates fueran expuestos en solitario en el Museo Histórico Nacional y luego en el Museo Nacional de Arte Decorativo. Creo que estos mates son una excelente forma de homenajear la gesta de la patria a través de obras de alto contenido estético, técnico y simbólico.

Tenés una estrecha relación con varios museos tras haber hecho muchas exposiciones. ¿Por qué elegiste al Hernández para festejar tus cuarenta años de oficio?

He tenido la suerte de ser muy mimado por los directores de museos, tanto de la Ciudad de Buenos Aires, como de la Nación, los que me han honrado brindándome su confianza absoluta para realizar exposiciones. Soy uno de los pocos afortunados que puede levantar el teléfono y hablar directamente con un director, y que el director se ofrezca para realizar una muestra cuando yo quiera, y eso lo valoro, pero me genera una responsabilidad aun mayor, sabiendo que debo entregar lo mejor de mi. En este caso particular, tengo una relación de muchos años con el Museo José Hernández, en donde hice un puñado de exposiciones y fui jurado en varias oportunidades. Cuando asume la nueva directora, Felicitas Luna, me propone hacer una nueva muestra individual, ya que la última había sido en el 2009 cuando presenté el mate del bicentenario. En este caso fue una invitación de la directora que me brindo gentilmente la sala del patrimonio (la más importante del museo), lo cual me honra mucho, para presentar lo que denominé la Colección Patarca.

En los últimos años enfocaste más tu carrera hacia la difusión del oficio, publicando libros, abriendo tu propia escuela y aceptando un rol muy importante en otra. ¿Cómo surgió y qué evaluación podés hacer de este cambio?

Mi carrera docente surgió un poco de casualidad hace unos 12 años, cuando me convocan del Patronato de la Plata del Perú - una fundación sin fines de lucro abocada a proteger el legado de los plateros peruanos - como asesor técnico, conferencista, y profesor, para dar cursos intensivos en distintas partes del Perú. Esto, a su vez, fue el disparador para publicar mi primer libro “Arte y técnica de la orfebrería Americana”, porque cada vez que terminaba de dar una clase o conferencia, los asistentes querían comprarme los CD con las diapositivas que proyectaba, pero yo sabía que eso solo, sin la explicación, no servía para nada. De inmediato me avoqué a la tarea, de grabar mis conferencias para poder volcarlas en un libro. En poco pude tener publicado un libro que me ha dado muchas satisfacciones, ya que fue declarado de interés educativo y obligatorio para las escuelas técnicas del Perú. Eso me dio el impulso para publicar el mismo libro en Argentina, lo que motivó a la gente a llamarme para consultar cómo podían hacer para estudiar conmigo. 

Hasta ese momento yo no enseñaba, porque estaba todo el día en el taller produciendo, pero me dí cuenta que este oficio tan bonito estaba perdiéndose. Decidí entonces dedicarle unas pocas horas semanales para tomar algunos alumnos. Me impuse un criterio muy riguroso, una currícula eficiente, en donde cada nivel sea la base para le aprendizaje posterior, que cada técnica que el alumno aprende sea el peldaño para una técnica superior. Hace cuatro años que tengo la escuela y ya tengo alumnos que se están destacando y ganando premios, lo que me impulsa a redoblar mi esfuerzo. 

Además, hace unos pocos años, me convocaron de la provincia de Catamarca para trabajar en el relanzamiento de una escuela de orfebrería que ya estaba funcionando. Eso significaba llevar a gran escala lo que yo había diseñado para un taller de enseñanza particular, y así fue que durante dos años estuve trabajando duramente para superar los obstáculos de la burocracia y la distancia. Hoy tengo el orgullo de que esa escuela de carácter estatal esté funcionando, con uno de mis mejores alumnos trabajando allí como docente y con la currícula que yo escribí y doné a Catamarca como guía. 

No puedo pedir más. En cinco años logré tener mi escuela soñada, que responde a mis lineamientos, y al mismo tiempo una escuela pública provincial que está dando sus primeros pasos, pero con la importancia de ser una escuela técnica con aprobación del Ministerio de Cultura de la Nación.

¿Podés recordar a alguna persona especial que te haya ayudado a avanzar y superarte en tu carrera?

Si, voy a mencionar a dos personas fundamentales, una que tiene mucho que ver con esta muestra y otra por lo que ha sido mi vida en general. 

Tuve la suerte de conocer en mi juventud a un señor mayor llamado Isidro Dunkelman, que era un coleccionista y gran entusiasta, que quedó muy agradado con mi forma de ser y de trabajar. Quería hacer una colección de mates míos, y me pidió que comenzara a diseñar ejemplares de la mejor factura que pudiera, y que el primero lo compraría él. Es muy difícil para un platero ponerse a hacer piezas únicas, de diseño, si no tenemos un comprador, sobre todo por la inversión económica, pero también por el tiempo que insume preparar la pieza. Siendo yo un joven de 27 o 28 años, que un señor de tan buena posición económica me de esa libertad y confianza, para mí fue un aliciente que me permitió hacer un hermoso mate aproximadamente cada cuatro meses.

Así fui creando, uno tras otro, gran parte de los mates que se ven en esta exposición. El primer mate, que es el mas difícil porque hay pensarlo, dibujarlo, mesurarlo, invertir en matricería y tallas, y hacer los originales, yo sabia que estaba vendido y luego me quedaba todo el conocimiento para volver a reproducirlo. Este hombre era tan generoso, que ni siquiera quería que el diseño fuera para él solo, tan solo quería que el primero fuera para el. 

La otra persona que tuvo muchísima más importancia en mi crecimiento fue Jeannette Arata de Erize, quien durante mas de cincuenta años fuera la fundadora y presidenta honoraria de Mozarteum Argentina. Me conoció de casualidad, cuando yo era muy jovencito. Tendría 24 años y comenzó a comprarme cada tanto alguna pieza, hasta que de a poco se empezó a dar una relación de mucha confianza y cercanía. Me adoptó un poco como su protegido y yo traté de devolver esa cercanía de la mejor manera que sabía, que era haciendo mis mejores obras. Años más tarde, me invita a su casa a tomar el té y empieza a preguntarme de mi vida. Yo con mi inocencia y sencillez, le cuento un poco lo que hacía y dónde vivía. En respuesta ella me confiesa que era una señora con muchas responsabilidades y obligaciones sociales, y como necesitaba continuamente hacer regalos muy importantes, quería proponerme un trato: que yo no pensara en el dinero y me dedicara a hacer las mejores obras que pudiera, y ella se comprometía a comprarlas porque, según ella, era la mejor forma de asegurarse una buena obra con la que quedar bien en el exterior, o para cuando recibiera alguna visita importante. Así fue que tuve la suerte de que una gran persona decidiera convertirse en mi mecenas, que además de darme una tranquilidad en lo económico, también me alentaba y enseñaba continuamente a crecer culturalmente. Gracias a ella aprendí cómo eran los usos y costumbres en la gran mesa, el uso de la orfebrería en las grandes casas, y muchas más cosas de la vida de la alta sociedad. 

Sos inquieto y automotivado por naturaleza, ¿con qué nos vas a sorprender en los próximos meses?

Siempre trato de ir pensando en algo nuevo, porque es una forma de divertirme y elegí este oficio porque es lo que amo. Después de haber hecho el mate de la revolución de mayo en 2010 y el mate de la libertad de 2013, está en mis planes cerrar la saga del bicentenario haciendo el mate de la Independencia en el 2016. En este caso va a ser una propuesta más ambiciosa y elaborada, además de ser una pieza única que no estará a la venta, la cual pienso presentar y luego donar al Museo Histórico Nacional para que quede en su custodia como mi homenaje a la patria.

 

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