Escrito por Laura Andahazi

Ninguna barrera puede frenar al genuino espíritu emprendedor. Una prueba de ello es My left Hand, un emprendimiento fundado por Rosemary Díaz que a pesar de no tener su mano derecha hace hermosos collares satisfaciendo la demanda de sus clientas.

Las manos son el principal instrumento de un artesano. Con ellas construye piezas únicas e irrepetibles. Sin embargo, Rosemary Díaz Moreno nació sin su mano derecha pero nada le impidió la tarea de enhebrar piedras y unir eslabones para crear collares artesanalmente. Cuando sus dos hijos ya grandes partieron a Estados Unidos a estudiar, Díaz Moreno (60) vivió la “crisis del nido vacío” y decidió que debía encontrar una actividad a la que dedicarse con el mismo amor con el que se había entregado a su familia. Así, como un pasatiempo, en 2009 comenzó a hacer collares y motivada por el apoyo y empuje de sus amigas este año decidió comenzar a venderlos. Ahora, desde un pequeño taller hace lo que más la apasiona y, en homenaje a su mano izquierda bautizó a su emprendimiento My left hand.

“Vivir sin una mano no es lo mismo que enfrentar su pérdida. Nunca tuve la mano derecha, no sé cómo es tener dos. No me concibo con dos manos y al mismo tiempo no me imagino sin la mano”, dice Díaz Moreno quien además reconoce que fue gracias al apoyo de sus padres y hermanos que tuvo la suerte de no sentir que afrontaba la vida sino que participaba de ella como cualquiera. Emprendedora, luchadora, apasionada y creativa son igual esfuerzo e iguales resultados que a mis hermanos”, cuenta.

Nació en Chicago, Estados Unidos. Su infancia fue como la de cualquier chica nortemaricana, cursó sus estudios, salió con amigas; para tener sus ahorros trabajó como babysistter, limpió casas y fue administrativa en una oficina. Por supuesto, también como toda adolescente, tuvo amores y flechazos no correspondidos. Sin embargo, resultaba obvio para ella el motivo por el que los candidatos no se quedaban, pero también tenía muy en claro que corría con una ventaja: sabía que el hombre que se quedase a su lado iba a ser el príncipe azul que finalmente la iba a coronar como princesa. Ese momento llegó en 1978 cuando tenía 26 años. Perdidamente enamorada de un argentino, hoy su marido y padre de sus hijos, decidió radicarse en el país, más exactamente en la provincia de Entre Ríos, a 45 kilómetros por camino de tierra del pueblo más cercano. “Por supuesto dejar atrás la familia y amigos de todas la vida fue durísimo, pero el amor pudo más y de alguna manera la sensación de desarraigo fue poco a poco desplazándose por el enorme trabajo de aprender y entender el idioma, las costumbres y la cultura”, recuerda.

Hasta My Left Hand, Díaz Moreno jamás había pensando en collares, pero reconoce que siempre fue muy creativa y que heredó de su familia esa vocación. “No recuerdo ninguna etapa de mi vida en la que no haya habido algo creativo para hacer: pintar muebles, coser, bordar, hacer velas, cocinar, pero para resguardar mi mano tuve que ir dejando de lado este tipo de actividades porque el desgaste fue importante, pero con los collares fue mágico”.

Para la emprendedora su colección está formada por piezas únicas que se caracterizan por un estilo personal. Utiliza piedras naturales como turquesas, amatistas, ágatas y materiales orgánicos como el coral y las perlas de río. Todas son seleccionadas y elegidas por ella, aprovechando cada viaje para buscarlas o como Díaz Moreno explica, que las piedras la elijan a ella. “Sólo hago collares ya que trabajar con piezas más pequeñas como aros le exige más a mi mano, pero fundamentalmente porque mi enamoramiento fue con los collares”.

My Left Hand no nació como un negocio, pero sin darse cuenta cada rincón de su casa se fue llenando de collares y piedras. Algunos los regalaba, pero venderlos se fue convirtiendo en la alternativa más tentadora y de a poco el negocio no esperado comenzó a tomar forma. El valor de los collares arranca en los $125, los comercializa a través de su web y del infalible boca a boca. “Todo es gracias a mi maravilloso marido que vió, entendió y se fascinó con la idea. Obtuve de él un apoyo incondicional”, resalta.

Aunque sea un cliché Rosemary Díaz Moreno es un ejemplo de que nada es imposible. Frases como “yo no puedo” o “no me sale” pierden valor ante su historia, siempre hay una alternativa, sólo hay que buscarla, ese es el leitmotiv de la vida.

algunos de los adjetivos que describen la personalidad que Díaz Moreno fue forjando a lo largo de su vida, una vida llena de cambios y desafíos, pero que nada tuvieron que ver con la falta de su mano derecha. “Soy la tercera de nueve hermanos y nunca fui tratada con pena ni con precauciones especiales. Obviamente, para mis padres no fue fácil. Debieron enfrentar comentarios y miradas, pero -supongo que mordiéndose la lengua- me exigieron

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