
No, jamás, dicen a coro y entre risas los hermanos Michelle y Tomás Furman cuando se les pregunta si habían pensado que iban a ser la tercera generación de joyeros de la familia.
Efectivamente, no sólo no lo imaginaban sino que cuando la historia comenzó no estaban en edad de imaginarlo: él tenía 16 años y ella 19. Sus vidas, hasta ese entonces, eran el colegio secundario y los amigos.
Sus padres, con la experiencia de haber trabajado en joyería durante más de 30 años, lo veían venir: el valor del oro se dispararía y la plata se impondría. Fue en 2001, cuando la crisis comenzaba a ser la gran protagonista del país, que Silvia y Darío decidieron emprender la búsqueda de una alternativa diferente en joyas. Si bien sabían que el cambio sería difícil, no concebían dejar pasar la oportunidad y le propusieron a sus hijos probar y hacerse cargo de la comercialización al por mayor de una línea de joyas en plata 925 rodinada. Ese fue el nacimiento de Sylplata, una apuesta innovadora para la familia y un trabajo que en el inicio fue una especie de pasatiempo para Michelle y Tomás.
El debut fue en la exposición MundoJoya 2002 y un éxito inesperado. “Fue impresionante, la gente se paraba frente a la vidriera y nos decía que nunca habían visto algo así”, recuerda Michelle. Hasta ese entonces Sylplata era un hobbie pero, poco a poco, se fue transformando en prioridad para los socios y aunque ella continuó sus estudios universitarios hasta que se recibió –hizo Ciencias Políticas y Periodismo–, repartió su tiempo para hacerse cargo de la elección de productos y el manejo de proveedores.
Tomás, terminó el colegio y se metió de lleno en la empresa, ocupándose del área de Finanzas.
Para Tomás “el secreto del negocio es no ponerse un techo” y bajo esa premisa los hermanos se plantean objetivos a corto o mediano plazo para luego pasar a uno mayor. La primera meta que se impusieron es la que le dio identidad a la firma: estar a la vanguardia en diseño y calidad. “Como no encontrábamos lo que realmente queríamos decidimos fabricar nuestros propios diseños que son cien por ciento moda y calidad”, cuenta Michelle.
Desde entonces Sylplata ofrece a sus clientes dos colecciones anuales exclusivas ya que cada una tiene sus propios productos sin repetir diseños de temporadas anteriores.

“No es la manera más fácil de trabajar, es mucho esfuerzo y un desgaste enorme, pero ese es el valor por el que nos distinguen nuestros clientes. Ellos saben que les vamos a traer lo último de la moda europea”, explica Tomás; quien además agrega que estar a la vanguardia es un verdadero desafío ya que muchas veces traen diseños que no saben si van a ser acordes al gusto del consumidor local, pero que son apuestas que siempre están dispuestos a realizar.
Si bien Michelle no tuvo intenciones de dedicarse al rubro de la joyería –de hecho, antes trabajó en una agencia de prensa– siempre fue una apasionada de la estética y la moda, por lo que no necesitó obligarse a mirar revistas para sacar ideas, sino que es algo que le sale naturalmente. Incluso, como buena observadora y como una constante en su vida está atenta a todo lo que se le presenta frente a sus ojos ya que nunca sabe de dónde puede venir la inspiración.
Por una cuestión de tiempos, materiales y tecnología, los hermanos Furman diseñan las joyas que luego envían a producir al exterior. “Decidimos fabricar fuera del país porque las máquinas que hay son muy sofisticadas para el tratamiento que necesitan nuestras piezas.
Averiguamos alternativas para traer al país la maquinaria, pero la inversión es muy alta y se necesita mano de obra que las sepa usar”, explica la emprendedora.

Otro logro de la empresa fue la internacionalización del negocio: hoy sus alhajas se comercializan también en Venezuela, Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil, Estados Unidos, Israel y Polonia. Dos herramientas que colaboraron en la concreción del proyecto fueron la participación en las diferentes ferias y exposiciones de joyas que se organizan en el país, y la web institucional que incluye la opción de la compra online. “Por eso, nuestro próximo objetivo a corto plazo es participar en las exposiciones internacionales. Estamos viendo si podemos viajar a Brasil y a Estados Unidos el próximo año”, dice Tomás.
Pero la cosa no termina aquí. Michelle y Tomás Furman acaban de hacer una nueva apuesta al mercado local con el objetivo de estar más cerca de sus clientes y brindarles un espacio más ameno y confortable, inaugurando un nuevo showroom en la calle Libertad, a pocos metros del Obelisco. “Ahora estamos mucho más cómodos y seguramente nuestros clientes también lo sentirán así”, declara Michelle.
Sin embargo, los hermanos Furman reconocen que los éxitos alcanzados por la empresa no hubiesen sido posibles sin el apoyo y la confianza que sus padres depositaron en ellos. “Eso fue fundamental, mis padres nos dieron mucha libertad. Al principio les consultábamos todo, pero una vez nos dijeron ‘esto es suyo, hagan lo que quieran’. No hay muchos padres que depositen en manos de sus hijos con tanta tranquilidad una línea de negocio”, resalta orgullosa Michelle. Además la armonía de la empresa familiar es posible, según el menor de los hermanos, no sólo debido a que tienen desde siempre una muy buena relación, sino también al hecho de que cada uno ocupa un rol determinado; dándole cierto orden al emprendimiento.
Aunque, como suelen organizarse las empresas familiares, ambos conocen bien las tareas del otro para poder relevarlo en caso de ser necesario. Si José Hernández viviese sin lugar a dudas diría que los hermanos Furman unidos son un ejemplo de la ley primera.
NJ, 18 Ene 2012-El pasado 15 de Enero tuvo lugar l